No quería representar a Nisbi como una sombra sino que fuera realmente invisible. Sabríamos de ella porque un gato chillaría al pisarle ella la cola, o se caería un vaso o alguna otra cosa a su paso, o porque un almohadón se hundiría con su peso al sentarse. Cuando la pensé invisible la sentí así y yo mismo deseé verla y traté de imaginarla, y supe que la querría porque un ser así estaría necesitado de ternura.