 
Casi agotado su Poder Músico Mental, Sónoman se ve obligado a viajar hasta el Planeta Sono para intentar recuperarlo.
Su primera escala es un minúsculo planeta aparentemente deshabitado. Sin embargo, inesperadamente encuentra allí una nave espacial deteriorada y a su astronauta, una especie de Robinson Crusoe espacial, que sin dejarse ver lo hace su prisionero, ya que piensa que Sónoman ha llegado en una nave y se propone robársela para poder al fin salir de su naufragio en el cosmos.
Sónoman comprende que la soledad está enloqueciendo al náufrago y no actúa contra él, que sigue sin dejarse ver. Pero por ello se arriesga a peligros insólitos.
Actuando con astucia lo sorprende y puede por fin verlo, lo que ve es una maraña de pelo desde la cabeza a los piés. Con ultrasonidos chamusca esa pelambre y el resultado es que bajo ese impresionante aspecto a un hombrecito inofensivo, angustiado por su situación.
Sónoman lo ayuda a reparar su nave. El hombrecillo parte, pero Sónoman se queda descansando en el pequeño planeta antes de seguir viaje hacia Sono.
|