Los personajes deben producir la expresión justa para transmitir al lector el relato adecuado. En el caso de Gulfo, protagonista de este mes, él partía de un estado emocional de confusión que lo alejaba de su natural benévolo, provocándole irritación y sentimientos de venganza, hasta arribar a la angustia por estar obrando mal, el arrepentimiento posterior y, finalmente, la recuperación de la alegría tras pagar sus culpas. Es decir, toda una gama (o paleta) que había que administrar. Para ello, entre otras precauciones, suelo pegar recortes de las publicaciones y armar fichas como ésta, que reproduzco, que tengo constantemente ante mi vista y me permiten controlar lo que voy haciendo.