En mi época de aprendizaje de esta pasión que es la Historieta, oía hablar de personajes y de "fondo". Ese "fondo" me sonaba a un telón que, como en el teatro, se deslizaba por detrás de los personajes. Sentí entonces que no era correcto, que más que fondo era un entorno, un ambiente que influía en los personajes. Más adelante, no tuve dudas de esto: el ambiente, lejos de ser un mero decorado, es uno de los elementos protagónicos (¡y principal!) de una historia. Es decisivo como factor de clima; o sea, es emocional.
Tratándose del paisaje esto se acrecienta porque aquí la vida se manifiesta con gran fuerza. Aquel ya lejano aficionado que fui había admirado a Burne Hogart, dibujante de "Tarzán", porque cada ramita de sus selvas estaba minuciosamente documentada y hacía sentir su silenciosa presencia. Esa enseñanza creció en mí y en "Lejos Pratt" (obra a la que pertenecen la mayoría de los ejemplos que aquí exhibo), su carácter ecológico resultó apropiado para desarrollar esta idea y dar vida a aquel inexpresivo "fondo".